Ven aquí...
Todo estaba en negro, tan negro que tenía la sensación de estar rodeada de nada, esa sensación que te hace querer estirar los brazos y abrazar el aire. Cerró los ojos y respiró muy hondo. Era embriagador notarse envuelta en ese halo de ficción que le procuraba el no poder ver. Le olió antes de que se acercara a ella, antes de que le abrazara la cintura y le posara la mano en el vientre. Antes de que sus dedos juguetearan con los bordes de su ombligo.
Bésame.
La oscuridad era reconfortante, era más que una simple ausencia de luz. Recordó como se habían borrado de la negrura los últimos trazos grises cuando se esfumó la claridad que se filtraba por la persiana. Su amante le dio un beso en el cuello y, al igual que los perfiles de los muebles, se desdibujó cuando la luz dejó de coquetear con su piel. Pero seguía notándolo muy cerca.
Tócame.
Estar así le hacía creer que llevaba los ojos vendados, que sólo podían acariciarse, buscarse y actuar como dos sombras que se entrelazan. Le encantaba hacerlo en la más absoluta oscuridad. No siempre, porque contemplar la piel de otro cuerpo era un placer que se daba a menudo, pero encontraba un singular delirio en la agudeza que tomaban de pronto todos sus demás sentidos. Sentir que no podía ver por mucho que abriera los ojos hacía que un serpenteo de excitación la recorriera desde los talones a la nuca, para luego quedarse plácidamente dando vueltas entre sus piernas.
Abrázame.
Hacía tanto calor… Sentía que podría llenarse los pulmones y que la oscuridad lo inundaría todo, dentro de ella, fuera de ella. Era igual que sentir esas caricias que hacen a la piel erizarse lentamente bajo la ropa, apenas sin tocarla. En la oscuridad no había nombres, no había cuerpos, no había caras. Sólo podían acompañarla las luces de las ideas que daban vueltas en su cabeza, tomando forma, marcando el siguiente paso, el siguiente impulso. Los susurros al oido, los besos en el cuello… cada sensación se multiplicaba en sus sentidos hasta creer que la negrura era suplantada por un torrente de fuegos artificiales.
Sujétame.
-Quiero que esta vez…–le dijo él con la respiración acelerada- Que sea como si no hubiera mañana
Ella, transportada a otro sitio, bailando en la oscuridad junto a él, le cogió de la cintura y le besó largamente, repasando las comisuras de sus labios con esmero, guardando en su boca entreabierta el labio inferior de él durante un segundo.
-No habrá mañana... te lo prometo.


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