La oscuridad apenas me permite adivinarte. Siento cómo mi mano, ajena al resto de mi ser, se aventura para reconocer tus facciones, cómo la electricidad atraviesa las yemas de mis dedos mientras éstas se deslizan hacia tu mentón. Recojo tu mejilla con la palma de la mano y alargo los dedos, acariciándote la sien. Sonríes. Coges mi mano, besas mi palma. Tus besos recorren mi brazo hasta llegar a mi oreja. Hundes la cara en mi pelo y oigo cómo me respiras. Me haces cosquillas, una risa fresa sale de mis labios. Una de tus caricias baja por mi columna vertebral, haciéndome ronronear.
Hace ya tiempo que tomaste prestada toda mi ropa, erizando cada minúsculo vello de mi cuerpo, para decorar el suelo. Te tomas tu tiempo... tus mimos... disfrutas cada uno por separado. Me lanzo a besarte, no puedo evitarlo cuando me miras así. Me encantan tus besos, tus labios, tu boca, porque cuando te beso tengo la sensación de estar descubriendo mi sed. Tus manos asen mi cintura y, firme pero suavemente, tomo asiento. Me quedo sin respiración unos segundos, los ojos cerrados, intentando de todas las formas posibles capturar toda sensación.
Sonrío cuando vuelvo a tomar aire.
Tus ojos se encuentran con los míos, dejo de tener constancia de dónde termino yo, de dónde empiezas tú. Cuando la respiración se me acelera busco tus labios, agarro con fuerza tu nuca. Tus brazos se afianzan en torno a mi cuerpo, estrechándolo, y tus dedos se impresionan en mi piel.
Y ya no sé dónde estoy. Sólo quiero llenarme con todos los aromas de la habitación.
Confías, deshojándome. Lo entiendes todo sin necesidad de que nadie te lo explique. Consientes que me dé el lujo de descansar, gritar, saltar, dormir, soñar, sentir.
Y confías, me deshojas a oscuras. Y me besas. No sabes muy bien dónde estás, ni yo termino de encontrarme.
Será por la oscuridad.
Menos mal que me dejó adivinarte.
Hace ya tiempo que tomaste prestada toda mi ropa, erizando cada minúsculo vello de mi cuerpo, para decorar el suelo. Te tomas tu tiempo... tus mimos... disfrutas cada uno por separado. Me lanzo a besarte, no puedo evitarlo cuando me miras así. Me encantan tus besos, tus labios, tu boca, porque cuando te beso tengo la sensación de estar descubriendo mi sed. Tus manos asen mi cintura y, firme pero suavemente, tomo asiento. Me quedo sin respiración unos segundos, los ojos cerrados, intentando de todas las formas posibles capturar toda sensación.
Sonrío cuando vuelvo a tomar aire.
Tus ojos se encuentran con los míos, dejo de tener constancia de dónde termino yo, de dónde empiezas tú. Cuando la respiración se me acelera busco tus labios, agarro con fuerza tu nuca. Tus brazos se afianzan en torno a mi cuerpo, estrechándolo, y tus dedos se impresionan en mi piel.
Y ya no sé dónde estoy. Sólo quiero llenarme con todos los aromas de la habitación.
Confías, deshojándome. Lo entiendes todo sin necesidad de que nadie te lo explique. Consientes que me dé el lujo de descansar, gritar, saltar, dormir, soñar, sentir.
Y confías, me deshojas a oscuras. Y me besas. No sabes muy bien dónde estás, ni yo termino de encontrarme.
Será por la oscuridad.
Menos mal que me dejó adivinarte.

2 comentarios:
Después de tanto tiempo, me sé de una mariposa que ha vuelto a aletear... ¿se le han curado las alas? ¿alguna vez las tuvo escayoladas?
Una copa de vino para contar esta historia ;)
Muá*
Publicar un comentario