Tan sólo quiero que me expliques qué haces en la barra de este bar, cuando ambos sabemos que lo único que quieres es quitarme la camisa y empezar a soñar. ¿Razón, dices? ¿Qué razón necesitas? Esta noche quiero tu pasión, no tu lógica. Sé que piensas en mi piel desde que me viste por primera vez, entonces, ¿qué esperas? ¿Un verso, un soneto? ¿Una palabra dulce que te despierte por la mañana?
Perdona que me ría, que me salte el protocolo, pero ya estamos creciditos para andarnos con circunloquios. No quiero ser un problema, tampoco una obligación, esto es un trato y sólo se firma si ambos entendemos de qué va la acción. ¿Pacto, entonces? Podemos repasar las cláusulas de camino a mi casa, no me importa discutir esto en el taxi. Pero antes de marcharnos, recuerda: cuando estemos de vuelta a la realidad, no quiero despedidas. No pidas mi número, no ofrezcas el tuyo. No habrá cafés de martes por la tarde, ni cine los viernes, ni paseos el sábado.
No me perteneces, no te pertenezco. Si quieres algo trascendente más allá de los sueños no soy tu chica y no sé si ésta será tu noche. No me importa lo que pienses, no me importa a qué te dediques. No estoy interesada en el último libro que has leído. Te ofreceré aquello que te falta, puedo enseñarte y puedo aportarte todo lo que añoras esta noche. Puedo hacer diferentes todos los instantes, intensos todos los momentos y únicos todos los besos. ¿Podré? Disculpa que me ría otra vez. Claro que podré.
Piensa en mi lengua deslizándose por tu espalda. Puedo escribir nuestra historia de no amor por la mañana.
Nada es tan importante, nada merece más la pena que este instante. Podemos hacerlo diferente. ¿Qué fue lo primero que pensaste, esta mañana, cuando tus ojos se perdieron en el techo de tu habitación? Bueno, no me lo digas, en realidad no me importa. Respóndete y después piensa en lo que pensarás mañana, cuando tus ojos se pierdan en el techo de la mía. Te ofreceré buen café, tal vez, si te portas bien, una ducha para dos.
Pero más allá de las 12 no habrá sonetos, ni poesía. Tan sólo una cama vacía.
Piensa en mi lengua deslizándose por tu espalda. Puedo escribir nuestra historia de no amor por la mañana.
Nada es tan importante, nada merece más la pena que este instante. Podemos hacerlo diferente. ¿Qué fue lo primero que pensaste, esta mañana, cuando tus ojos se perdieron en el techo de tu habitación? Bueno, no me lo digas, en realidad no me importa. Respóndete y después piensa en lo que pensarás mañana, cuando tus ojos se pierdan en el techo de la mía. Te ofreceré buen café, tal vez, si te portas bien, una ducha para dos.
Pero más allá de las 12 no habrá sonetos, ni poesía. Tan sólo una cama vacía.

1 aleteos:
En esa cama vacía me asaltará el recuerdo de tu olor, la memoria de tu tacto, y tu ausencia me hará sufrir. Pero dame esta intrascendente noche, y al menos tendré tu recuerdo.
Publicar un comentario en la entrada