domingo, 9 de noviembre de 2008

Al compás de la seda.

Empezarás...
...justo por aquí.


No visto más armadura que mi ropa interior y una de tus corbatas, que enlazo con cuidado en torno a mi cuello. La acaricio con los dedos, despacio. Te miro y sonrío. Tómala, llévame donde quieras y respiraré cuando tú me lo permitas. Saboréame, pero mis labios están vedados. No habrá besos hasta que no me tengas por completo desnuda, a tu merced, cuando te mire sonriendo y te invite, traviesa, a entrar en mi patio de recreo. No, no habrá besos. No hasta que esté exhausta en tu cama, hasta que las yemas de mis dedos estén saciadas de tu piel.

Quiero...

Desvísteme y dibuja mis contornos con tus dedos. Pero deja la corbata en su sitio, que ya se ocupará ella de ir marcando el compás... Despacio, la seda se retuerce, va y viene, sube y baja, hace y deshace entre tu cuerpo y el mio, sin importarle qué manos la entrelazan. Tus dedos se enroscan en mi pelo, se recogen en mi nuca, me obligan a mirarte. Pero no, todavía no habrá besos.

Quiero...

Te doy la espalda, y noto el tacto frío y rugoso de la pared en mi pecho y en mi vientre. Puedo notar tu calidez en mi espalda, tu impaciencia, tus dedos abriéndose paso entre mis piernas. De alguna forma indescriptible, el lazo se escapa y me cubre los ojos. Juguetón y esquivo, decide abarcar mi cintura, se anuda en torno a tus muñecas, a las mías, vuelve otra vez a mi cuello, dibuja el arco de tu espalda.

Quiero...

No esperes más... Apréndete otra vez mis recovecos, hazme estremecer hasta que se me agote el aliento, hasta que perdamos toda consciencia sobre el ser, estar y parecer, dame todo lo que tengas, todo lo que impongas, todo lo que desees y todo lo que obtengas. Entonces y sólo entonces, por fin...

Bésame.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Concedido ;)