lunes 24 de noviembre de 2008

Chocolate

Sí, esta mañana me acordé.

Fue sin querer, lo prometo, no era mi intención volver a pensar en ella. Pero lo hice... gasté varios deliciosos y calmados minutos en deleitarme con su recuerdo. Fue mientras caminaba hacia el autobús, al pasar por delante de la pastelería de mi calle. Había una empleada colocando las bandejas de bombones en el escaparate, y el aroma dulce impregnaba un área indefinida de la acera. Me paré un segundo, intrigada, queriendo rememorar algo... algo dulce, muy dulce. Dulce y con chocolate.

Fue ese olor. Fue ese aroma el que me trajo a la memoria la visión de su espalda, impregnada en aquel aceite dulce que me regaló. Chocolate y almendras. Mimaba cada centímetro de su piel, al igual que aquella pastelera había mimado cada uno de sus bombones. Se me vino a la cabeza el contorno de su cuerpo, a veces -no siempre- perfilado por las sábanas. Se me vinieron a la cabeza sus besos, los que me daba en el cuello, los que empezaban en la nariz y terminaban en el tobillo, los que me investigaban la boca y me dejaban sin respiración. De nadie he disfrutado tanto como de ella. Me quitaba la vida unos instantes, dejaba que me consumiera en la sensación de vértigo hasta que volvía a respirar. Pero nunca me daba tregua. Volviamos a sumergirnos en aquel pozo insondable de caricias hasta que ambas quedáramos agotadas, extenuadas... casi derrotadas.

El recuerdo mereció la pena segundo tras segundo. Quise volver a vivir el día de la tarta. Me ruboricé un poco al recordar que al final no hubo tarta. Cuando llegué a la cocina estaba terminando de remover la crema de chocolate para extenderla sobre el bizcocho y, como era habitual, tuvimos una idea mejor. Una idea que nada tenía que ver con la repostería.

O puede que tal vez sí.




2 aleteos:

Anónimo dijo...

gran receta.evocador y muy bueno. si sigues así vendré más, a ver dónde se van posando las mariposas.

Dr. Barrigón dijo...

El mundo del chocolate es asi